Freya pierde la voz mientras graba su álbum debut.

Harun está planeando escapar de todos los que alguna vez quiso.

Nathaniel está llegando a Nueva York con una mochila, un plan desesperado y sin nada que perder.

Y en ese instante, un giro del destino reúne a estos tres extraños y sus secretos comienzan a develarse mientras se dan cuenta de que para superar sus pérdidas quizás, simplemente, tengan que ayudarse unos a otros a seguir adelante

Freya es una cantante juvenil que se ha hecho mucha fama a través de las redes sociales pero, a pesar  de todo el cariño de sus fans, ella se siente más sola que nunca, su hermana no le habla y hace mucho no le importa a su padre. Su única compañía es su madre, que más que mamá se comporta como simple manager, haciendo todo lo que su productor le dice. La presión es demasiada y un día grabando una nueva canción, el esfuerzo la superó y no pudo volver a cantar, su futuro ya estaba perdido.

Harun es un joven musulmán que desde pequeño sabía que era homosexual, algo prácticamente imposible para alguien que sigue esa religión y tradiciones. Sus padres, ambos de Pakistán, se habían casado por matrimonio arreglado y aseguraban que llevaban una vida plena, siempre fieles a su cultura. Todo cambió cuando su primer día de universidad conoció al amor de su vida, creyendo que nada podía ser más perfecto. Por desgracia, esconderse nunca será el camino de la felicidad.

Nathaniel viene llegando a Nueva York lleno de misterios y miedos, toda su vida la ha pasado en su casa en el bosque donde hace mucho tiempo no compartía más que con su padre y su abuela. Su vida ha estado marcada por incidentes desafortunados pero siempre ha estado con su padre porque le enseñó que estar juntos siempre sería lo más importante.

Los misterios del destino pusieron a estos tres chicos en el mismo lugar para enfrentar una situación llena de desafíos y decisiones importantes, pero que los hará descubrir que no son más que tres jóvenes encontrando su camino, conociéndose y buscando respuestas. En un sólo día lograrán entender que ese encuentro desafortunado que tuvieron fue lo mejor que les pudo haber pasado porque volverán a sentir lo que es vivir.

Comienzo por describir un poco más a los protagonistas porque siento que esto fue lo que me faltó para haber tenido una lectura más fluida. Gayle Forman tiene una escritura particular que siempre me cuesta enganchar al principio pero tengo más que claro que sus historias siempre valen la pena y esta no es la excepción, empezando por decir que lloré al final y sentí cómo se me estrujó el corazón.

Este libro toca un tema súper importante y que se repite más seguido de lo que muchos niños quisieran: el abandono familiar. Ya sea del padre, de una hermana e incluso de una madre, sabemos que cada familia es diferente pero leer el abandono desde la mirada de un niño es súper crudo, es como ver a esas personas capaces de abandonar un animal, sin importarles nada más que ellos mismos. La autora logra transmitir muy bien los sentimientos de los protagonistas y sus pensamientos hacen que sintamos total rechazo hacia esas personas “adultas” capaces de hacerles daños irreparables a sus hijos.

Esta historia es de aceptación,  autoconocimiento y de aprender a formar tu propio camino en la vida, donde el único importante seas tú, sin importar el pasado ni las tradiciones. Freya, Harun y Nathaniel tienen aproximadamente 20 años pero sus vidas han sido una mentira, el único camino que les queda es buscar en el fond0 de su corazón lo que realmente quieren ser y luchar por conseguirlo, son tres personas totalmente distintas pero que quizás juntas puedan lograr lo que siempre han soñado.

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