«Realmente Nuremberg fue la película perdida de los Óscars.»

Sinopsis:

En los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, mientras el
mundo intenta asimilar los horrores revelados del Holocausto, el psiquiatra del ejército
estadounidense teniente coronel Douglas Kelley (Rami Malek) recibe una misión extraordinaria: evaluar el estado mental de Hermann Göring (Russell Crowe), el notorio ex mariscal del Reich y segundo al mando de Hitler, junto con otros altos funcionarios nazis.

Reseña:

Antes de continuar con la maratón de películas nominadas a los Óscar, recomiendo encarecidamente hacer una pausa y comprar entradas para ver a Russell Crowe personificar al
heredero del Tercer Reich y la caída del velo que ocultaba la verdad sobre los campos de
concentración y de quienes eran sus responsables. Asimismo, advierto que un par de escenas
no son aptas para todo público y sugiero discreción.
Nuremberg es, en realidad, la historia de Douglas Kelley (Rami Malek), un médico cuya
profesión ya era objeto de burla en esa época por dedicarse a la psiquiatría. Ante el temor de
que el resto de los líderes del imperio nazi siguieran el mismo destino de Hitler, Douglas es
llamado a la misión especial de estudiar el estado mental de ellos y evitar que se quitaran la
vida, con el fin de que pudieran ser juzgados por un tribunal sin precedente alguno. Así,
Nuremberg también inmortaliza lo que sería el primer intento de derecho internacional formal y
el gran juicio del siglo, gracias a lo cual salieron a las luz las verdades de los llamados campos
de trabajo forzado nazis, que conmocionó al mundo entero.

En ese momento de la película, en que se presentaron las primeras pruebas para culpar a los
nazis de crímenes contra la humanidad no hubo ninguna persona en la sala de cine que
pudiera moverse. En esos minutos la película dejó de ser un drama para convertirse en un
verdadero documental, con algunas pausas para mostrar las caras de quienes estaban en el
juicio llenas de emociones indescriptibles. Aunque haya habido varias películas con la única
intención de demostrar lo que sucedía en dichos campos, esta escena cumplió el mismo
objetivo en un par de minutos.


Pero bueno, fuera de ese momento, Nuremberg no es un documental histórico, para nada, y las
primeras escenas son las que te advierten de su naturaleza. Esta es una película contada por
quienes vivieron para contarla y por quienes no pudieron hacerlo. Sí, hay ciertos errores
históricos, pero la gran parte de la película sigue lo que quienes lo vivieron, realmente
experimentaron. Al menos esa es la sensación con la que uno queda. En un principio te
muestran varios personajes, incluso presentan a algunos que no vuelven a aparecer, pero todo
con la intención de mostrarte el contexto. Luego, a medida que va avanzando la historia, cada
vez vemos más desde el punto de vista de Douglas solamente hasta que comienzas a sentir
que estás viendo todo desde sus ojos, experimentando desde sus propios sentidos. Kelley es
un incomprendido por todos sus pares en un momento, al nivel de que llaman a otro psiquiatra
a supervisar su tarea, pero por cómo se dirige la película, logras sentir empatía por las
personas que él siente empatía, cariño por sus seres queridos y enemistad por quienes son sus
enemigos en ese momento.
Otro punto que ayuda a entender a Douglas y que es un plus de Nuremberg, es el hecho de
que los personajes alemanes efectivamente hablen alemán. Como no existen subtítulos, esto
sólo te hace sentir más cerca de la historia porque la única forma de entender lo que dicen es la misma forma que tenían las personas en ese momento: un traductor. Aunque muchas veces
las expresiones y el actuar de los nazis es suficiente para entender lo que querían transmitir. En
esto es donde Russell Crowe se roba la película personificando a Hermann Göring. No sólo
por hablar alemán y mantener el acento, sino porque el neozelandés demuestra lo bien
merecido que tuvo el Óscar a mejor actor. Göring es un militar sumamente inteligente y crea un
juego de poder con Douglas que hace caer a cualquiera, pero la forma en que Crowe lo trae a
la pantalla te hace sentir que estás en la celda con ellos conversando, como amigos.


El guión de Nuremberg queda abierto a muchas críticas, principalmente por lo poco adecuado
que es para la época. Pero sinceramente es un buen guión, que mezcla el humor con lo
sensible de la trama. Como ya dije, no es en su esencia un documental y pareciese que el
guión está hecho a propósito para hacerte sentir más cercano a la historia, como si tradujeran
los personajes de dicha época a las personalidades que tendrían hoy en día.
Hay mucho más que se puede decir de Nuremberg como película, desde la gran actuación de
Malek y Crowe, ambos ya galardonados como mejores actores por los Óscar; hasta por la
buena elección de música para mantener el ambiente, siendo el único momento en silencio en
toda la película el llanto de uno de los militares nazis. Las subtramas que giran alrededor del
poder y la reputación, el enfrentamiento de las potencias mundiales como la Iglesia Católica,
Estados Unidos y el Reino Unido, el dilema del bien mayor y el juicio de Nuremberg como el
verdad fin de la guerra. Realmente Nuremberg fue la película perdida de los Óscars.
La historia es cíclica, siempre se repite. Lo que Douglas Kelley descubrió en su momento es
sólo una manifestación más de este principio. No es necesario que veamos a alguien vestido
de militar para que vuelva a suceder algo como lo de hace ocho décadas atrás, casi nueve. Por esto no creo que haya sido un accidente su falta de nominación en los premios de la Academia
(aunque al menos no fue excluida en los de Australia). Nuremberg tenía un mensaje único y
casi cegador: la historia se repite y, aunque la estuviéramos viendo suceder de nuevo, no
seríamos capaces de advertirlo. Es una película que es fácil de disfrutar por sí misma, pero
cuyo objetivo era mucho más que el disfrute y no todos querrán verla como Douglas Kelley
quería que fuera vista.

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