Sinopsis:
Luca Barella (56) es dueño de «La Fuente», una sanguchería ubicada en el epicentro de las protestas ocurridas desde 18 de octubre en Chile. La falta de clientela y decadencia del barrio tienen a Luca al borde de la quiebra a lo que se suma una grave enfermedad que decide mantener en secreto. Su padre, fundador del negocio, presiona a Luca para que venda y abandone el barrio, sus trabajadores comienzan a dudar de sus capacidades para enfrentar el desafío y su esposa e hija resienten su ausencia.
En una de las protestas Luca rescata a un fotógrafo de sus agresores y lo esconde dentro del local. Desde ese momento “La Fuente” se transforma en objetivo de los encapuchados quienes comienzan a atacarla regularmente.
Luca denuncia públicamente, por medio de videos, lo que ocurre a su local, buscando que las autoridades restauren el orden en el barrio. Sin embargo, las fuerzas de la destrucción avanzan por todos los flancos sin control.
Luca se niega a abandonar «La Fuente» e intenta defender su negocio apegándose a los principios de armonía y paz interior aprendidos del Iaido, técnica marcial de la cual es maestro. Sin embargo, su tiempo se acaba y Luca deberá decidir si sus principios son más fuertes que su deseo de preservar el legado familiar.

Reseña:
Lo primero que se puede decir de esta película es el sesgo político que guarda. Sin perjuicio de la dramatización y exageración de los hechos, pasando por alto la responsabilidad histórica que debiese tener el arte, se entiende que desde el punto de vista de Luca Barella (interpretado por Luis Gnecco), así se vivió el 18 de octubre en Chile y sus consecuencias dos años después. Pero la verdad es que fue decepcionante y no respondió a la necesidad de mostrar el “lado B” del estallido social, de ser históricamente correcta, sino que sólo una logró que se viera como una caricatura.
Dejando ese aspecto de lado, lo que importa es la forma en contar la historia y que logre captar la atención del público, que provoque emociones en el expectante.
La historia de Luca fue compleja, todos los ámbitos de su vida amenazaban a desmoronar la vida que conocía; su hermana, su papá, esposa, hija y, especialmente, su trabajo. Su legado familiar y proyecto de toda la vida. Es posible conectar con el miedo y tensión que vive el último tiempo, aun con las fallas en el guión.
El problema es que la película fue dura de disfrutar. Era como subir por la montaña rusa, pero nunca bajar. Hubo muchas oportunidades de mejora y que abrían paso a historias secundarias mucho más interesantes, que le daban más sentido a la narración de Luca; pero que fallaban en ser un aporte a la película. Si quitáramos todas esas escenas, la historia no cambiaría en absoluto.
El sensei/psicólogo/amigo, la esposa cansada y la hija rebelde, todas historias sin sentido. Especialmente, la trama de la familia tenía mucho potencial de ser explotada, pero que sólo se trató superficialmente. Por más que haya sido una película que giraba en torno a Luca Barella, fue excesivamente dedicada a Luca Barella. No me sorprendería que sus escenas practicando con su katana ocuparan más tiempo en la pantalla que cualquiera de los otros personajes.

El cine chileno retrocedió varios pasos con esta película, especialmente para Luis Gnecco, quien tuvo (o quizá quiso) interpretar a un personaje que se santifica a sí mismo y se consagra como el héroe de la historia: el mártir del 18 de octubre. Lo cual es irónico, porque de lo poco que se pudo leer de las posturas que tenían los otros personajes sobre la figura de Luca es que era una persona alejada y desconectada de aquellos quienes le rodeaban, casi ciego de las emociones del resto.
La verdad es poco se puede rescatar de “La Fuente”, tenía un gran potencial, pero que probablemente se vio opacada por varios egos en su producción. Lamentablemente, su debilidad en el guión y dirección no supieron superar la irresponsabilidad histórica de esta entrega.

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