«Visualmente, es una película sacada del catálogo de Sofia Coppola, con tomas hermosas de castillos y bosques, y un gran enfoque femenino. Es explícita y busca arruinar para siempre la fantasía del príncipe azul, de la belleza interior y los cuentos de hadas»

  • Nombre: La hermanastra fea
  • Directores: Emilie Blichfeldt
  • Elenco: Lea Myren, Thea Sophie Loch Naess, Flo Fagerli, Ana Dahl Torp.
  • Rating: 3.5/5

Sinopsis:

El cuento de la Cenicienta, pero contado desde el punto de vista de una de sus hermanastras, quien hará lo que sea para quedarse con el príncipe.

RESEÑA

Todos conocemos el cuento de Cenicienta, donde una huérfana recibe la ayuda mágica de una hada para escapar de su casa, donde es sometida por su madrastra, y casarse con un príncipe. Inspiró la película de Walt Disney de 1950, una de las cintas más populares de la historia, y a su versión live action, protagonizada por Lily James, que tampoco le fue tan mal.
Ahora, muchos años después de que la Cenicienta llegara al cine, la directora noruega Emilie Blichfeldt nos presenta La hermanastra fea, una inesperada reimaginación de la historia, que ahora toma como personaje principal a una de las malvadas hermanastras de la querida princesa de Disney. Pero… ¿Elvira (Lea Myren) es realmente malvada? ¿O quizás las expectativas puestas sobre las mujeres desde tiempos inmemorables lograron corromperla?

La verdad es que jamás me había hecho esa pregunta. Por eso me resultó una total (y grata) sorpresa la historia de esta película, que retrata de una manera brutal el daño que le hacen los estándares de belleza a las mujeres. Ya lo había dicho La sustancia (y, de hecho, es imposible no acordarse de la cinta nominada al Oscar, porque comparte demasiadas similitudes con La hermanastra fea): el camino a la perfección te destruirá por dentro.
Eso le sucede a Elvira. Dadas las pésimas condiciones en las que vive su familia, que no tiene dinero después de la muerte del papá de Cenicienta (que acá se llama Agnes y es interpretada por Thea Sophie Loch Naess), una de las hermanastras debe casarse con alguien rico. Idealmente, el príncipe Julian (Isac Calmroth). La mayor, Elvira, es la única posibilidad, porque su hermana pequeña todavía no menstrua.

¿El problema? Con sus frenillos, su peinado de niña y su peso, no es considerada bonita (por lo menos dentro de la historia). Es ahí donde su madre (Ana Dahl Trop) tiene que intervenir. Gastando dinero que no tienen, la matriarca somete a Elvira a prácticas de tortura (porque solo podrían llamarse de esa forma) para ser hermosa, como golpearle la nariz con un martillo para rehacérsela o coserle pestañas directo a sus párpados. Una interesante comparación con la actualidad, donde la rinoplastía o las pestañas postizas son exigencias para casi todas las caras que vemos en TV.
En La hermanastra fea, la frase “para ser bella hay que ver estrellas” nunca fue tan real. La película se la juega con el body horror (terror corporal) para mostrarnos qué tan lejos podemos llegar si perseguimos el inalcanzable sueño de la perfección (de nuevo, difícil no compararla con La sustancia). Cada esfuerzo por ser más hermosa es más terrible que el anterior, tanto para la protagonista como para el espectador, porque hay muchísimos momentos en que el público tendrá ganas de taparse los ojos ante lo que ve. Más frustrante aún es que Agnes, la Cenicienta que amamos desde niñas, escapa de este terrible destino por el simple hecho de tener el pelo rubio y los ojos azules, y ser considerada universalmente hermosa. Es muy interesante lo que hace la película al transformar la visión que tenemos de esta famosa princesa. O, más bien, de lo que Disney nos quiso transmitir hace tantos años.
Visualmente, es una película sacada del catálogo de Sofia Coppola, con tomas hermosas de castillos y bosques, y un gran enfoque femenino. Es explícita y busca arruinar para siempre la fantasía del príncipe azul, de la belleza interior y los cuentos de hadas. Por otro lado, logra ser graciosa incluso dentro de su violencia, pero es una lástima que el mensaje se vuelva repetitivo tan pronto. Narrativamente, uno queda con ganas de un poco más.

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