“Cuando no hay nada, nunca dejas de caer”

Durante una parte de la novela “Huye Jane, huye” -cuya reseña pueden leer aquí– la protagonista está sumida en una profunda depresión, y creo que es un buen momento para hablar de ello y tratar de ayudar a educar con respecto a este delicado tema.

En el libro, la protagonista no encuentra razón para reaccionar, y se encuentra sumida en un estado de inmovilidad total; no siente ganas de levantarse de la cama, sus deseos de comer son casi nulos, y no tarda en comenzar a pensar que su vida no tiene sentido. Se siente como una asistente a un espectáculo en el que no tiene parte, y cree que el esfuerzo de tratar de salir de todo eso es demasiado grande para intentarlo, de modo que comienza a pensar seriamente en la posibilidad de terminar con todo; se dice que quizás unas pastillas de más puedan finalizar la historia, para no tener que seguir viviéndola.

Para comenzar, la depresión no es estar triste. No lo es, y es necesario parar con esa idea de que porque no encontraste el color de zapatos que querías te vas a deprimir, o porque tuviste una mala evaluación en tu trabajo. Tristeza, frustración, enojo, cansancio o angustia son sentimientos válidos y que requieren atención, pero no son un estado depresivo. También hay que terminar con esa suerte de romantización de la depresión, que en novelas o películas la muestra como una melancolía idealizada que sirve para sacar frases pegajosas, pero en donde cuyos personajes nunca sufren nada excepto escenas con música de piano, pero siguen luciendo fabulosos todo el tiempo y con energía disponible para hacer cualquier cosa que la trama requiera. O elaborar complejos y estúpidos planes para vengarse de otros.

Sé que este no es un espacio médico, de modo que resumiré los aspectos más importantes para dar una idea general.

La depresión es una alteración a nivel neurológico de las funciones emocionales de una persona; involucra un amplio espectro de cambios que no son visibles con facilidad y que incluso pueden no ser detectados por el propio afectado.

Se pierde la capacidad de experimentar emociones, ya que hay una suerte de cambio de frecuencia en que no es posible realizar la conexión con dichas sensaciones; se siente vacío existencial, una serie de dudas acerca de las propias motivaciones y nula respuesta satisfactoria.

Hay trastornos alimenticios derivados de una mala alimentación, pero también porque el organismo no asimila los nutrientes como siempre; además, el sueño se ve perjudicado por insomnio, estado de duermevela y pesadillas, lo que conduce a cansancio, dificultad para concentrarse y realizar coordinación.

Los trastornos físicos no se quedan ahí, ya que la depresión puede causar dolores inexplicables en distintas zonas del cuerpo, además de tensión muscular y agotamiento de extremidades, jaquecas y males digestivos.

Sin embargo, lo que he mencionado no es una lista a chequear, sino algunas de las más notorias consecuencias y síntomas de este estado; al tratarse de una enfermedad que afecta a los sentimientos, las variaciones son tantas como personas. No es necesario que una persona esté llorando todo el día para que eso demuestre que está deprimida, o que no quiera comer, se trata de algo mucho más complejo y que afecta a todo el espectro de la persona.

En general, la reacción de la gente ante alguien con indicios de depresión es bastante indolente, diciéndole que simplemente debe animarse y seguir adelante, o que tiene razones para estar mejor. Lo que estas personas ignoran es que este estado es como estar encerrado en un cuarto que no tiene puertas ni ventanas: no basta con querer salir para conseguirlo; pero estas paredes no son indestructibles, y existen métodos individuales o con apoyo que servirán para derribarlas, o al menos construir una puerta que te permita salir y respirar.

Si crees que alguien cercano a ti está en una situación como esta, lo primero es no minimizar su estado, ni dar consejos o respuestas prefabricadas que hayas visto en alguna parte; si te importa, acércate y presta oído a esa persona, sin presionar ni cuestionar, porque lo que menos necesita es un elemento adicional que le ocasione problemas.

Si tú estás pasando por un momento difícil, quiero que sepas que no hay algo malo en ti; no es tu culpa, no eres responsable de lo que te está pasando, eres alguien a quien le afecta una enfermedad. No estás en deuda con el mundo, ni tienes que demostrar si eres o no capaz de conseguir determinados resultados.

A nadie.

Ni a tu familia, entorno laboral, amigos o pareja; no tienes que probar nada, esto solo es sobre ti. Tienes derecho a derrumbarte, pero no abandones; lucha, encuentra algo que te haga regresar, busca esos lugares que son únicos para ti, o pide ayuda, pero no dejes que gane. En algunos casos la depresión es un caso, en otros acompaña por siempre o mucho tiempo, y será oscuro y difícil, pero te mereces permanecer y encontrar la forma de seguir con tu vida; incluso en algunos casos puede que leer, coleccionar cosas, armar maquetas o conocer un nuevo videojuego te ayude a encontrar algo que te motive, y a través de eso lograr reconectar con el resto de los aspectos de tu vida en donde ha habido faltas.

¿Quieres comentar al respecto? Aquí hay un espacio disponible para dejar tus impresiones acerca de distintos conceptos presentes en las historias que visitamos mes a mes.

Nos leemos.

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