Entre algoritmos y el fin del papel, analizamos si la secuela de este clásico moderno logra mantener el estilo o se queda fuera de temporada.
Esta semana se estrena la segunda parte de una de las películas más queridas de los últimos 20 años. Tuvimos la oportunidad de verla en la función de prensa y aquí te dejamos nuestra opinión, sin verdad absoluta.
Es curioso recordar que, cuando se estrenó la original en 2006, si bien tuvo éxito comercial, muchos la subestimaron como una comedia pasajera. Fue el tiempo, la televisión y el cariño de la gente en sus casas lo que la convirtió en un objeto de culto. Muchos perdieron la oportunidad de vivirla en pantalla grande en aquel entonces, y esta secuela se presenta como la revancha perfecta para experimentar este universo en una sala de cine; si tienen la oportunidad de ir, no la dejen pasar.
Sinopsis
En un mundo dominado por las redes sociales y el contenido inmediato, la legendaria revista Runway se encuentra al borde del abismo financiero. Miranda Priestly, enfrentándose a un mercado que ya no rinde culto a la edición impresa, se ve obligada a recurrir a la única persona en quien confía para intentar salvar su legado: Andy Sachs. Andy, ahora una periodista de renombre con su propia ética profesional, deberá decidir si regresa al caos de los tacones y el café hirviendo para rescatar a la mujer que, en su momento, casi la destruye.

Reseña
A título personal, me parece que estamos ante una de las pocas secuelas que realmente justifica su existencia. Si bien no busca ser una obra maestra del séptimo arte, es una película sumamente entretenida que funciona de principio a fin. Se pasa volando, se hace corta y logra que uno se mantenga conectado con la pantalla en todo momento. Lo que más destaco es que no intenta replicar la fórmula exacta de hace dos décadas; es más madura y reflexiva. Ver a Miranda Priestly (Meryl Streep) lidiando con directivos millennials y presupuestos recortados le da una capa de humanidad fascinante. Ya no es solo la jefa implacable; ahora es una guerrera defendiendo el rigor editorial en un mar de algoritmos. La dinámica con Andy (Anne Hathaway) ha evolucionado hacia un respeto mutuo que se siente orgánico y necesario.
»No es solo moda, es supervivencia. Miranda y Andy regresan para demostrarnos que el estilo es eterno, pero el rigor es una especie en extinción.»
Sin embargo, hay momentos en los que la película tropieza. En su afán de sentirse «moderna», a veces cae en situaciones que se perciben un poco forzadas, rompiendo el ritmo que tan bien venía construyendo. Se nota un esfuerzo marcado por agradar a las nuevas audiencias, lo que lleva al guion a sobreexplicar cosas que en la primera película eran evidentes con un solo gesto; esa sutileza se extraña. Además, la subtrama romántica de Andy carece de química real y se siente más como un compromiso de guion que como una necesidad de la historia.
Por otro lado, aunque visualmente la producción es impecable, se percibe que prefirieron irse por el camino seguro. Se nota que el equipo se siente cómodo en esta posición y apostaron por lo que saben que funcionará con el público masivo, en lugar de mantener la mordacidad y el riesgo que hicieron de la primera entrega algo tan único y afilado. A pesar de esto, volver a ver a Emily Blunt y Stanley Tucci en sus personajes es un acierto total; sus escenas fluyen con naturalidad y mantienen el espíritu de la historia vivo.
En conclusión, es una película que funciona, donde se pasa muy bien y que logra cerrar un ciclo que muchos esperábamos. Es la oportunidad ideal para vivir este universo en la pantalla grande como no pudimos hacerlo hace 20 años.
No importa lo que leas, no importa lo que escuches; ve tú mismo y sé tu propio crítico.

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