Nombre: Florida Project / Proyecto Florida
Director: Sean Baker
Guionistas: Sean Baker, Chris Bergoch
Género: Drama
Reparto: Brooklynn Prince, Willem Dafoe, Bria Vinaite, Caleb Landry Jones, Mela Murder, Valeria Cotto, Christopher Rivera, Macon Blair, Sandy Kane, Karren Karagulian

Sinopsis: Una niña de 6 años y sus amigos pasan el verano en un pequeño motel muy próximo a Disneyworld, mientras sus padres y el resto de adultos que les rodean sufren aún los efectos de la crisis que puede costarles algo más que dinero.


Reseña: La niñez es una etapa que nosotros, como adultos, solemos mirar atrás con nostalgia y deseamos volver porque en esa época todo… simplemente era mucho más sencillo. Sean Baker, desde su debut en el lejano año 2000, y pasando por su otro gran éxito Tangerine (2015) hasta el que nos convoca hoy, su sexto film llamado “Proyecto Florida”. Esta película paseó por muchos circuitos de películas independientes, ganando uno que otro premio que, ahora, incluso está nominada al Oscar por mejor actor secundario para Williem Dafoe. Esta película fue estrenada en mayo pasado en el marco del Festival de Cine de Cannes y ha amasado los buenos comentarios de la crítica especializada. Y es que tienen hartas razones para hacerlo. La productora A24 nuevamente se luce con una película que luce al principio muy íntima, y cuesta mucho a veces recordar que están en Orlando, Florida a solo unos pasos de Disney, el lugar donde los sueños se hacen realidad.


Porque si, la locación de esta película se desarrolla en Orlando, Florida a tan solo unos pasos de Disney, donde se dice que si le pides un deseo a una estrella entonces todo se puede cumplir.
Pero el mundo que Baker nos presenta, contrasta demasiado con el mundo de Disney, no hay princesas, sino muchachas que para sobrevivir en la vida deben ir a vender artículos de segunda mano a hoteles más lujosos, un mundo lleno de desesperanza, miseria donde abundan los moteles baratos, restaurantes de comida rápida y locales que han sido abandonados hace años. Todo esto también decorado con colores brillantes para hacernos pensar que todo no es tan malo, aunque sabemos que lo es. Un poco como intentando ser Disney pero sabiendo que nunca van a poder serlo.
Y sin embargo, nuestra protagonista no lo ve. Porque ella lo que ve son las cosas más sencillas, porque, para un niño muchas veces puede encontrar más fascinante la caja donde venía el juguete que el juguete mismo.
Nuestra historia sigue los pasos de la pequeña Moonee (Brooklynn Prince) quién vive junto a su joven madre Halley (Bria Vinaite) en el motel Magic Castle. Sus paredes color púrpura claro es el lugar donde residen familias de bajos recursos, madres solteras, vendedores de drogas y prostitutas. Dado que su madre ha sido rechazada de muchos trabajos y es incapaz de encontrar uno por si misma ya sea por su desidia o por no tener la preparación adecuada, Halley recurre a la venta de perfumes de segunda mano con tal de poder pagar los 38 dólares de la tarifa diaria de la habitación. Mientras su madre se instala a fumar y ver televisión, Moonee y su amiguito Scooty (Christopher Rivera) pasan los días del caluroso verano haciendo travesuras y metiéndose en serios líos, como lo haría cualquier pequeño en verano. Bobby (Willem Dafoe), es el sacrificado gerente del motel, es quien siempre sale al rescate de los pequeños aunque intente ponerles algo de límites y de cierta manera se ha convertido en la figura paterna que ambos niños requieren aunque no lo digan.


Para Mooney y sus amigos la vida es solo una oportunidad tras otra para maravillarse con sus aventuras y hacer una que otra travesura como entrar a lugares que no deberían entrar pero lo hacen de todas maneras, mientras los adultos hacen lo que pueden para salir adelante, en un mundo en que cada vez es más complicado. Una de las cosas que más me llamó la atención fue tomarle el peso real a lo que es la indigencia en un lugar como Estados Unidos.
De acuerdo al mismo Baker, este problema surgió a raíz de la crisis hipotecaria del 2007. El mismo Baker responde en una entrevista: “No se les incluye en las cifras oficiales de gente sin hogar porque no están en la calle o en albergues, pero es un problema nacional en EEUU, no sólo en Orlando”
Baker en esta historia busca hacernos tomar consciencia acerca del problema de la indigencia, que no solo afecta a Estados Unidos sino que a todos los países, y mostrar como son muchas familias que intentan vivir al día y sin esperanzas de poder surgir. El director, fiel a su estilo, nos presenta estas imágenes a través de un lente realista, de la misma forma que lo hizo en su cinta anterior Tangerine en la que nos mostraba el bajo mundo de la ciudad de Los Angeles. Sin embargo todo esto no lo vemos completamente, porque esta no es la historia de todas esas familias, sino de Mooney.
Mooney, quien en su propia inocencia aún no entiende del todo lo que sucede en el mundo de los adultos. Mooney con la madre que tiene que es más su hermana que su madre, no debería tener una infancia feliz. Pero sin embargo ella es inmensamente feliz. Para ella, los alrededores del motel están llenos de magia y son su campo de juego y diversión. Pero para uno, como espectador, es imposible ignorar las carencias que se viven en este lugar. La cinta jamás emite un juicio con respecto a sus personajes. A pesar de que éstos toman malas decisiones, todos ellos son plasmados de una forma tan humana, llenos de vulnerabilidad y de virtudes, que resulta difícil juzgarlos por sus acciones. Llega un punto en que, si nos vemos en esa situación, probablemente haríamos lo mismo.
Otro de los puntos altos de esta película es algo que Baker sabe relatar de una manera exquisita: la amistad entre dos mujeres. Ya lo habíamos visto antes en Starlet con la inesperada pero a la vez dulce amistad entre una anciana y una actriz porno, en Tangerine con las dos prostitutas transgénero y aquí ese elemento vuelve a estar presente pero esta vez con Mooney y Jancey, dos niñas de 7 años que al principio, su amistad no comienza de la mejor manera, pero eventualmente crece algo fuerte y sumamente puro y que terminan creyendo en este mundo mágico que es todo lo contrario al mundo mágico de Disney.
Y con eso dicho, otro punto increíblemente interesante es justamente su elenco, que es una mezcla entre gente consagrada y nuevas revelaciones actorales. Willem Dafoe está en la actuación de su vida, siendo esta especie de padre postizo que también debe lidiar con su propia paternidad, Bria Vinaite también es una gran actriz en el papel de Halley, pero mis alabanzas se van con la pequeña Brooklyn Prince, que al principio uno puede pensar que es solo una niña molesta, pero, el peso de la película ella lo carga con una gracia y soltura que pareciera que lleva mucho más tiempo actuando que sus 7 años de edad. Le crees, actúa como una niña de verdad, no como la maqueta que muchas películas han vendido por tanto tiempo sobre cómo es ser un niño.
Proyecto Florida es el ejemplo más grande de lo que el cine independiente norteamericano es capaz de hacer: que es el contar mucho con muy poco. Porque ¿Qué es un presupuesto de dos millones de dólares estos días? Prácticamente nada. Esta película nos trae historias reales sin tapujos, introduciendo nuevos talentos a la industria del cine, e invitándonos a la reflexión. Hay secuencias que son hermosas y a la vez desgarradoras que realmente preguntas como es que pudo filmarlo. Ahí es cuando vez el genio del realizador al mostrarnos cómo esta gente lucha diariamente por alcanzar la perfección del sueño americano gracias a las falsas ilusiones que lugares como Disney World continúan alimentando, y que nosotros consumimos sin chistar, porque, ¿no es eso lo que queremos todos? ¿Un lugar en que nuestros sueños se cumplan? ¿La esperanza del mañana mejor? Al final del día sabemos que el mundo real es imperfecto, y que la felicidad se encuentra en quienes te rodean y no por lo que posees. El Proyecto Florida es un estudio fascinante acerca de otro lado de la vida. Ese lado que a veces no queremos ver. Y que deberíamos ver mucho más.

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