Nombre: Una mujer fantástica
Director: Sebastián Lelio
Guionistas: Sebastián Lelio, Gonzalo Maza
Género: Drama
Reparto: Daniela Vega, Francisco Reyes, Luis Gnecco, Aline Küppenheim, Amparo Noguera, Alejandro Goic, Antonia Zegers

Sinopsis: Marina (Daniela Vega) y Orlando (Francisco Reyes), quien es veinte años mayor, planean un futuro juntos. Tras una noche de fiesta, Marina lo lleva a urgencias, pero él muere al llegar al hospital. Su condición de mujer transexual supone para la familia de Orlando una completa aberración. Ella tendrá que luchar para convertirse en lo que es: una mujer fantástica.

Reseña: El cine chileno es algo que constantemente me ha dado unos cuantos dolores de cabeza (todas las películas de Nicolás Lopez, Badilla y a veces las de Pablo Larraín). Y también me ha dado momentos gratos (como las de Andrés Wood y Lelio). Así que cuando me senté a ver la película lo único que sabía era que era protagonizada por Daniela Vega y que traía a colación un tema muy actual como lo es la ley de identidad de género que es algo que en un país como Chile sabemos muy poco o simplemente nada.
Y por lo tanto resulta paradójico que en un país que quiere ser progresista pero a la vez ser muy lento en ese proceso a momentos de este paso. A veces nos atrevemos a dar el paso, a veces retrocedemos otros dos más. Lo cierto es que hasta el día de hoy, no hay una ley establecida de identidad de género.
Dado que, no quiero spoilear la película, porque quiero que sea algo que ustedes querido público descubran por sí mismos, hablaré de ella pero comenzaré a partir de una cita de la película:

“Mi nombre es Marina. ¿Hay algún problema con eso?”

Lo primero que se me viene a la mente para criticar esta película es que es una historia de amor, sí, pero también acerca de la autoafirmación, una lucha contra las normas establecidas en cuanto a lo que en Chile concebimos respecto a la identidad de género.
Marina (Daniela Vega) es una mujer que es barista de día, y cantante de noche y que tiene una relación desde hace un tiempo con Orlando (Francisco Reyes), viven juntos y tienen una apacible vida de pareja que todo cambia al morir él y surgen los cuestionamientos a Marina por ser quién es.
Marina está destrozada por la pérdida de un ser amado, pero hace su mejor intento de ser empática con quienes de alguna manera sabe que no le retribuirán de la misma manera. Porque ellos no entienden o más bien se niegan a entender.
Lelio vuelve a establecer a una protagonista que, como Gloria (2013) insisten en rectificar lo que son, y que solo a cambio requieren sus derechos básicos al respecto, la seguridad y la búsqueda del placer ante la condescendencia, la indiferencia y el desprecio.


Por supuesto, ambas mujeres están en dos contextos diferentes, mientras que Gloria era una mujer divorciada con más de 40 años perteneciente a una clase social más bien acomodada, Marina es una mujer joven transgénero de clase media quién como todos tiene uno o dos trabajos para poder sobrevivir. En lo que ambas coinciden es en que se rebelan ante un orden establecido que no las deja ser libres y por ende las margina con el detalle más mínimo.
En el caso de Marina, apenas llega al hospital donde Orlando está siendo tratado todo cambia para ella, tratándola con indiferencia, la tratan más como problema que como persona, es atosigada y perseguida como que fuera una delincuente y solo sospechan de ella lo peor. Aunque el peor trato proviene de la familia de Orlando interpretados por Aline Küppenhein y Nicolás Saavedra, quienes la llaman abiertamente: “Quimera”, dejándola en un estado de soledad y desesperación.
Pero lo valioso de ella no reside solo en todo lo resiliente que es, sino en que es capaz de dar un paso adelante y dar la pelea. Y la da. Fantásticamente.
El valor de Marina es que pese a todo, supo levantarse, sabe que en este mundo ignorante no está dispuesto a comprenderla, pero aún así, ella va a seguir en pie. Gracias a sus vivencias, se revela un prejuicio muy enraizado que difícilmente se limita solo a Chile. El prejuicio está en todas partes y lo sabemos.
Quizá entre los aspectos que no me gustaron están los roles de Nicolás Saavedra y Macial Tagle que a pesar de que sé porque están ahí, me parecen demasiado estereotípicos y le quita un poco el peso a la película que se nota que es una obra que ha alcanzado una madurez.
Lo mejor de la película sin duda, es Daniela Vega porque ella carga con el peso de la película con una actuación arrebatadora, es dueña de un carisma que desafía la lástima y un porte que puede ser intimidatorio y descorazonador. Es dueña de un tesón que la quieres ver ganándole a la ignorancia y a la indiferencia que los otros personajes hacen gala. Y puedes sonreír cuando finalmente lo hace, porque así de fantástica es.

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